NFCARD

Qué poner en una tarjeta NFC de contacto

Las seis opciones de destino, cuál encaja con tu profesión y los errores que arruinan una tarjeta bien hecha

24 h Sale de nuestro almacén de Madrid
Sin app Funciona con el NFC del móvil
Regrabable Cambias el enlace cuando quieras

Comprar la tarjeta es la parte fácil. Lo difícil es decidir qué pasa cuando alguien la acerca a su móvil. Ese destino es la tarjeta de verdad: el trozo de PVC solo es el interruptor. Aquí van las opciones que tienen sentido, cuál elegir según a qué te dedicas y los fallos que vemos una y otra vez.

Antes de elegir: para qué la quieres

Hay una pregunta previa que casi nadie se hace y que decide todo lo demás: ¿qué quieres que pase después del toque?

  • Que te tengan guardado para llamarte algún día.
  • Que te escriban ahora mismo.
  • Que vean lo que haces antes de decidir.
  • Que reserven una cita.
  • Que te dejen sus datos a ti.

No son lo mismo y no se resuelven con el mismo destino. Elige una. Si intentas cubrir las cinco, no cubres ninguna.

Las opciones de destino, una por una

1. Ficha de contacto que se guarda en la agenda

Al acercar la tarjeta, el móvil ofrece añadir un contacto nuevo con tu nombre, teléfono, correo y empresa. Dos toques y ya estás en su agenda.

Cuándo va bien: cuando tu objetivo es que te localicen más adelante y no ahora. Comerciales, técnicos, gente que trabaja por encargos que llegan cuando llegan.

Lo que hay que saber: el chip NTAG215 tiene 504 bytes. Cabe una ficha sencilla, no una con foto y quince campos. Y si cambias de número, hay que regrabar la tarjeta, aunque la nuestra es regrabable y se hace con una aplicación gratuita desde un móvil Android.

El detalle que marca la diferencia: pon el nombre completo y la empresa, no solo el nombre de pila. Dentro de tres meses, "Alberto" a secas en la agenda no le dice nada a nadie.

2. WhatsApp con un mensaje ya escrito

Se abre WhatsApp con tu chat y un texto preparado del tipo "Hola, nos hemos conocido hoy y me gustaría saber más sobre...". La otra persona solo tiene que darle a enviar.

Cuándo va bien: cuando lo que quieres es una conversación abierta hoy, no un contacto dormido. En España mucha gente prefiere escribir por WhatsApp antes que llamar, y esto elimina la excusa de "a ver si te escribo".

La ventaja escondida: te quedas tú con su número. Con la ficha de contacto eres tú quien entra en su agenda, pero él no entra en la tuya. Con WhatsApp funciona en los dos sentidos.

Lo que hay que cuidar: el mensaje precargado. Que sea corto y que suene a persona. "Hola, soy [nombre], nos hemos visto en..." funciona mejor que un párrafo comercial. Y si usas el móvil personal, piensa si quieres recibir mensajes a las once de la noche.

3. Tu web

El toque abre tu página. Sin más.

Cuándo va bien: cuando tu web ya hace bien su trabajo, se ve perfecta en el móvil y tiene el contacto a la vista. Si vendes online, si tienes un catálogo, si lo que haces se entiende mejor viéndolo.

Cuándo va mal: cuando tu web es un folleto corporativo con un menú de ocho apartados. La persona acaba de conocerte, no va a explorar. Si la mandas a la página de inicio, se pierde.

Truco: no enlaces a la home. Enlaza a la página concreta que resuelve la duda que acabas de tener con esa persona. Si eres instalador de aire acondicionado, enlaza a la página de instalaciones, no a la portada.

4. LinkedIn

El toque abre tu perfil y la otra persona puede seguirte o mandarte invitación.

Cuándo va bien: en sectores donde la relación profesional se cultiva ahí. Consultoría, tecnología, selección, ventas B2B. Si vas a eventos del sector, tiene sentido.

Cuándo va mal: si tu perfil está abandonado desde 2019, con la foto de otra época y un cargo que ya no tienes. Es peor que no enlazar nada. Y si tu cliente es el vecino que necesita un fontanero, LinkedIn no le sirve de nada.

5. Un formulario

El toque abre un formulario donde la otra persona deja sus datos.

Cuándo va bien: cuando lo que necesitas es capturar información de forma ordenada. Presupuestos, listas de espera, inscripciones, seguros, reformas.

El límite: nadie rellena un formulario largo de pie en un pasillo. Tres campos como mucho: nombre, teléfono y una línea de "qué necesitas". Cada campo extra te cuesta respuestas. Y cuidado con lo que pides: si recoges datos personales, te toca cumplir con la normativa de protección de datos, con su aviso y su casilla.

6. Una agenda de citas tipo Calendly

El toque abre tu calendario con los huecos libres y la persona reserva directamente.

Cuándo va bien: cuando tu producto es tu tiempo y la reunión es el siguiente paso obvio. Asesores, consultores, entrenadores personales, comerciales que trabajan con visitas concertadas.

Cuándo va mal: cuando la persona todavía no sabe si le interesas. Pedir que bloquee media hora de su vida a alguien que acaba de conocerte es mucho pedir. Funciona después de una buena conversación, no antes.

Cuál elegir según tu profesión

Esto no es una ley, es un punto de partida razonable. Ajusta según cómo trabajes tú.

Perfil Destino recomendado Por qué
Comercial de calle Ficha de contacto Muchas visitas, ciclo largo, interesa quedar guardado
Fontanero, electricista, reformas WhatsApp con mensaje El cliente escribe cuando tiene la avería, no antes
Fisioterapeuta, estética, peluquería Agenda de citas El siguiente paso siempre es reservar hora
Fotógrafo, diseñador, decorador Web o portfolio Tu trabajo se explica solo cuando se ve
Consultor, asesor, abogado LinkedIn o agenda La confianza se construye viendo tu trayectoria
Seguros, banca, energía Formulario corto Necesitas datos concretos para poder ofrecer algo
Restaurante o bar Carta digital o reseñas El cliente ya está dentro; el objetivo es otro
Tienda física Reseñas de Google Lo que te trae clientes nuevos es tu ficha de Maps

Los dos últimos casos no son de tarjeta de visita, ojo. Si tienes local y lo que quieres es que te dejen reseñas, lo tuyo no es una tarjeta de presentación sino una tarjeta NFC de reseñas o una placa para el mostrador. Son productos distintos con objetivos distintos.

¿Se puede poner más de una cosa?

Sí, pero no dentro del chip. En el chip cabe un destino. Lo que se hace es grabar un enlace a una página tuya donde estén las opciones: llamar, WhatsApp, web, LinkedIn, guardar contacto.

Esa página intermedia tiene una ventaja gorda: cambias los datos cuando quieras sin tocar la tarjeta. Cambias de número, cambias de empresa, añades una red social, y la tarjeta sigue funcionando.

Y tiene un inconveniente que conviene mirar de frente: la tarjeta depende de que esa página siga existiendo. Si la aloja un tercero y ese tercero cierra o empieza a cobrar, tu tarjeta apunta a la nada. Antes de montarlo así, pregunta quién controla el enlace y qué pasa si dejas de pagar.

Regla práctica: si tu página intermedia tiene más de cuatro botones, sobran botones. Lo que quieres es que la persona haga una cosa, no que elija entre nueve.

Errores típicos

Enlazar a una web que no está adaptada al móvil

Este es el error número uno y el más fácil de evitar. Absolutamente todo el que use tu tarjeta va a llegar desde un móvil. Si tu web se ve diminuta, hay que hacer zoom para leer, el menú no se despliega bien o tarda ocho segundos en cargar, acabas de convertir un buen momento en una mala impresión.

Compruébalo tú mismo antes de grabar nada: abre tu web en tu móvil, con datos móviles y no con el wifi de casa, y mira si encuentras tu teléfono en menos de cinco segundos. Si no lo encuentras tú, no lo va a encontrar nadie.

Mandar a la página de inicio

La home está pensada para quien llega buscando. Tu contacto llega de una conversación concreta. Llévalo a donde continua esa conversación.

Un mensaje de WhatsApp que da vergüenza enviar

Si el texto precargado suena a publicidad, la persona lo borra o cierra la ventana. Escríbelo como lo dirías tú en voz alta.

Enlazar a algo que no controlas

Un perfil de una red social que puede cerrarse, una página de un servicio gratuito que puede desaparecer, el dominio de una empresa en la que igual no sigues el año que viene. Cuanto más tuyo sea el destino, más dura la tarjeta.

No probarla en los dos sistemas

Pruébala en un iPhone y en un Android antes de usarla en serio. Los avisos que salen son distintos y conviene que sepas explicarle a la otra persona qué va a ver. Si algo no responde, en la guía de qué hacer cuando la tarjeta NFC no funciona están las causas habituales.

Grabarla y olvidarse

Cada seis meses, tocas tu propia tarjeta y miras qué sale. Es un minuto y te ahorra el momento de descubrir delante de un cliente que el enlace lleva a una página que ya no existe.

Cómo se decide en dos minutos

  1. Piensa en la última persona interesante que conociste trabajando. ¿Qué te hubiera gustado que hiciera al día siguiente?
  2. Ese es tu destino. Uno solo.
  3. Ábrelo en tu móvil y míralo como si no supieras nada de ti. ¿Se entiende? ¿Hay una acción clara?
  4. Si no la hay, arregla eso antes de grabar la tarjeta.

Nuestra tarjeta NFC de presentación te llega ya grabada con el destino que nos digas (19,99 €, o 29,99 € con diseño a medida), y como es regrabable puedes cambiarlo más adelante sin comprar otra. Si aún estás decidiendo si te merece la pena, léete antes si la tarjeta de visita NFC te compensa, que ahí contamos también a quién no le compensa.

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